Normalmente
cuando empezamos a conocer a alguien, cuando entramos en un tipo de
relación afectiva, amorosa o amigable, nos contamos las cosas
buenas, nos reímos y hasta disfrutamos. Conversamos acerca de las
cosas más absurdas, como el tiempo, porque no vamos a empezar
saludando a alguien y mostrándole nuestros monstruos, nuestros
defectos y preocupaciones, nuestras cicatrices más profundas...
claro.. eso pensamos.
Pero,
por un momento, hoy he pensado ¿Y por qué no?
Hoy
pienso que, tal vez, sería más apropiado hacerle saber a la otra
persona todo lo inquieto e inestable que convive contigo, todo lo
gris, y los tonos menos apetecibles que caracterizan tu esencia. Y si
se queda, si permanece y soporta, si comprende y empatiza, cuando
vemos que se merece lo mejor de nosotros mismos empezar por dosis
pequeñas a entregarlo, como los besos, como la dulzura, como las
carcajadas que parecen no tener fin, empezar a contar las anécdotas
más graciosas jamás contadas, las locuras más cuerdas que pudiste
crear y hacer real, y ya si eso, las mejores cosas que la vida te
dio.
Pero,
puede ser, que huyesen al primer problema, al primer monstruo que
asomase la cabecita por tus palabras o por tus ojos para saludar a
quien tienes ante ti y que pretende conocerte.
Y
es que eso es lo que ocurre, entregamos lo bueno, disfrutamos
haciéndolo, dando lo mejor que tenemos, lo mejor que sabemos
hacerlo.. y cuando empiezan a conocer todo lo que no es tan gustoso,
lo que no apetece tantos días ver, entonces desaparecen.
Se
ausentan. ¡Se largan!
Pero
eso sí, se han llevado todo lo bueno que quisimos darles. Nos han
roto una vez más por dentro mientras se llevan lo más bonito de
nosotros mismos, y tú, ahí te quedas, con otro descosido más que
enmendar, y con otro desastre más, del que la próxima persona,
posiblemente, también huya.
Por
entregar nuestro mejor yo y no dejar que sepan realmente quienes
somos.
Por
empezar dando lo mejor, y quedándonos, una vez más, para nosotros
mismos, los monstruos.
Y
así nos va.
No hay comentarios:
Publicar un comentario