No
puedo soportar verle en ese estatus que no merece, que le mantiene
con la mirada triste y perdida cada día... no puede mi corazón
mantener la angustia de saber que la mejor persona que la vida me ha
dado, vive en mi mundo, y no tiene grandes razones para sonreír.
Es difícil aceptar que tocan cosas impuestas por situaciones,
degenerando en consecuencias que por ningún lado suenan a
provechosas.
Cuesta defenderse en el pensamiento de esperanza y
prosperidad, que si la vida tiene cosas buenas que me las de ya , que
aún faltan dos meses para su cumpleaños, pero que yo,
le adelanto el
regalo.
No
necesito grandes cosas para seguir de pie, pero pido a gritos ese
brillo que se refleja en mis ojos por verle con una luz
esperanzadora. Con ganas de ver el amanecer un día más, que se
difuminó con el paso del tiempo, con los daños que trae la edad...
Porque
no pido suerte, ni siquiera sorpresas agradables para mi. Pido una
vida digna para él y una sonrisa en su cara, más unos silbidos por
la mañana tarareando sus canciones favoritas mientras me da los
buenos días..
Para
mi, su motivo de enfado contra el mundo no reside en tu forma de
pensar, o si, ni en tus andares y costumbres, sino en encontrar su
trocito de verdad ante tanta mediocridad. Y
es que mata la posibilidad de ver tristeza en su cuerpo, me tumba
vivírlo en mi rutina.
Te
quiero por encima de cualquier cosa de este mundo, por encima de mis
sueños y objetivos. Te quiero con mi vida, y con mi alma. Y hasta en
mis enojos, en mis malas rachas, siempre quiero que seas tú, cuando
no quiero ver a nadie, la excepción.
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