Hoy
quiero contarte la extraña, asombrosa e inesperada felicidad que
corre y brinca por mi cuerpo.
A
sus anchas.
Y
yo, no pienso detenerle.
Es
esa sensación de posibilidad, la ilusión por cumplir un sueño,
uno, realmente deseado por el paso del tiempo.
Y
yo, que soy una persona de la que crece mucha o poca esperanza. Es
para mi. La probabilidad/posibilidad de cumplir un sueño lo que hace
que exista la esperanza hoy día.
Aunque
no llegase a realizarse nunca... el haber convivido durante semanas,
meses, incluso años o quizás una vida entera, puestos a imaginar,
con la tremenda ilusión de realizar nuestros sueños, ya habría
valido la espera y la pena.
Porque
somos distintos cuando creamos fuerza, cuando hacemos ilusión.
Cuando a través de nuestros ojos, puede verse. Y hasta el invidente
llega a empaparse de ésto.
Sabe
mirarlo.
Sentirlo.
Como
tú lo sientes, o como tus ojos lo desprenden con ese brillo tan
único e inconfundible, como esas cosas que por más que nos
empeñemos, a veces. No pueden disimularse...
Quiero
hablarte de lo que supone convertir en realidad, aquello que siempre
estuvo en mi cabeza como un sueño, alcanzable, por supuesto. Y que
yo, y sólo yo, cree para mi. Y si lo he creado, es que podía
hacerlo. Y no sabía cuando, ni como. Pero podía. Se puede. Si se
puede imaginar, se puede hacer.
Hoy
es 10 de Marzo y la persona que me dio la vida, acaba de regalarme un
poco más de ésta. Como si fuese poco.
(Desde
aquí, mamá, gracias una vez más.)
Me
ha entregado un pasaporte a canjear por un sueño. Por uno de los
mejores días de mi vida, si no ocurriese una catástrofe. Me ha
observado durante años las ganas, la fuerza del corazón, el ansia
de cumplir... Y simplemente, hoy, espero 193 días para que mis ojos
tengan un brillo especial. Y único. Y desde luego, que desconozco.
Porque cada sueño es un mundo.
Yo tengo la suerte de poder cumplir
uno, y el brillo, de ese sueño, aún no lo conozco. Pero te lo
contaré si lo vivo. O tal vez no lo haga yo...
Quizás
y sólo quizás, se adelante mi felicidad, mi sed de seguir viva, y
de sentirme así. Quien una vez más, por medio de mis manos, lancen
frases en un papel en blanco que te hagan disfrutar y sentir, que
algo extraordinario me ha ocurrido. Y porqué no, hasta alegrarte.
Que
por mi cerebro han transcurrido pensamientos nuevos no vividos y de
los que podré hablar. De los que podré cuestionar, ocultar,
plasmar, revivir... Podré , incluso, compartirlo contigo, querido
blog.
Y
pienso en esos pajaritos recién nacidos, que para ellos todo es
nuevo, que van a vivir todas sus emociones y sentimientos por primera
vez uno a uno...
O
ese dulce de chocolate a probar. Que luego no sabe amargo...
Quizás
un vino, que debimos haber saboreado mejor, o tal vez, degustado
antes. Nos deja buen sabor de boca. Nos incita a repetir...
Esa
palabra, que descubrimos un día cualquiera, de un desconocido, o poco
conocido, pero que se hizo indispensable, favorita. Permanecerá
cerca nuestra, nosotros nos encargaremos de hacer que encaje e inmiscuirla en la
frase más absurda...
El
tesoro en forma de abrazo recibido, o dado, en el momento más
oportuno del mundo mundial...
Y
es que un sueño cumplido, son 20 años más de vida.
O los que
nuestro cerebro quiera regalarnos, pudiéndolo revivir cada día que
amanece...
Y
que todo esto, nos ha producido escalofríos, inquietudes que
desconocíamos, pero que nos dan vida. Porque vida, es eso que debemos
crear a partir de lo que ahora tenemos.
193
Días. Llenos de espera. Y la satisfacción de saber que, POR FIN, me
encuentro en el camino hacia ti.
Sólo toca esperar. Y después,
disfrutar.
Si
crees en ello, lánzate. Lo que sea, pero vive. Vive la espera del camino hasta tus sueños. Vive cada pequeño paso que te lleve hasta él. Vive, porque será lo más bonito que podrás disfrutar al mirar atrás. Todas las cosas que has vivido. Tuyas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario